domingo, 19 de mayo de 2013

Alcàsser. Enero de 1993.




A la desaparición de Gloria Martínez Ruiz en la Alfaz del Pi y la de las niñas de Alcàsser, se unió la de Andrés Mayordomo Bolta, de la villa de Pego (Valencia), el uno de enero de 1993. Había salido a dar una vuelta en su bicicleta.

El cadáver de Andrés, esqueletizado -con algunas zonas momificadas y otras saponificadas- no aparecería hasta el 12 de diciembre. Según el informe forense, practicado en el tanatorio de Denia, había fallecido de un traumatismo craneoencefálico accidental.

¿Cómo diferencia un médico forense los traumatismos craneoencefálicos accidentales de los producidos por una agresión?

Mientras tanto, la policía seguía con el caso Alcàsser.

El Ministerio de Asuntos Exteriores iba a distribuir más de 20.000 carteles con las fotografías de las niñas en distintos países árabes. Fernando García había encargado más de medio millón de calendarios de bolsillo con las fotos y los teléfonos de contacto, que se empezaron a repartir entre miembros de la Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía, asociaciones de taxistas y policías locales.

Para Fernando, las últimas navidades habían sido "... las peores de mi vida, sin duda alguna... estos días han sido sumamente penosos. Lo estamos pasando muy mal y cada vez estamos peor... no he querido hacerme ilusiones de que aparecerían estos días dado que son unas fechas muy señaladas, porque si no se cumplen los sueños el desaliento es aún mayor. Yo me había hecho muchas ilusiones para el día de mi cumpleaños -el 4 de diciembre-, porque si ella se hubiera ido voluntariamente habría regresado ese día o habría llamado. Cada vez estamos más deprimidos... Ya no sé que pensar y cada vez lo sé menos. Ha pasado tanto tiempo y hay tanta gente metida en esto que parece increíble que no salga ni una pista. Los guardias civiles que están en el caso se lo han tomado incluso como un reto personal, pero ni siquiera así aparecen rastros..."

Fernando todavía parecía tener total confianza en las fuerzas de orden público.

Después de una fallida búsqueda en Pamplona, que las fuerzas de seguridad realizaron como consecuencia de dos llamadas telefónicas, el secretario de Estado para la Seguridad Ciudadana, Rafael Vera, anunció que un grupo de especialistas del Cuerpo Nacional de Policía se trasladaría a Valencia para comenzar las investigaciones desde cero. También se incorporaría un capitán de la guardia Civil para coordinar las tareas de búsqueda con la Interpol y las policías de otros países, en contacto permanente con las demás fuerzas de seguridad adscritas al caso.

Fernando García, después de la reunión con Rafael Vera, declaró “Más que promesas, nos ha explicado iniciativas concretas que se tomarán a corto plazo, y eso, obviamente, es bueno para nuestro objetivo.”

Según Vera, “no se podía permitir que desaparecíeran tres niñas y no se fuera capaz de encontrarlas”.

Los ocho especialistas llegados de Madrid, reconstruyeron los hechos y comprobaron una a una todas las llamadas de ciudadanos que decían haber visto a las pequeñas.

Los padres de las niñas también se entrevistaron con Miguel Durán, el presidente de la Once, que ordenó el reparto de las fotografías de las niñas en los siete mil puntos de venta de la organización en España. También llamó a Valerio Lazarov, entonces director general de Telecinco, para que se pusieran las fotos en todos los noticiarios.

Las familias buscaron la colaboración de la comunidad gitana de Valencia. Y tras sus gestiones, el patriarca gitano “El Chele” pidió a su gente que buscara a las niñas.

El 21 de enero Fernando se reunió con el defensor del pueblo, Álvaro Gil Robles, y después intervino nuevamente en el programa de Nieves Herrero, “De tú a tú”.

También se entrevistó con José María Ruiz Mateos, en el despacho de Vicente Ramírez, propietario de la Sala Canal de Valencia, aprovechando una cena homenaje que se había organizado en dicha sala en honor del propietario de Rumasa. Ruiz Mateos se mostró muy receptivo y dedició ofrecer una recompensa de diez millones de pesetas a quienes dieran pistas que condujeran a la localización de las niñas.

El día 25, Fernando García se entrevistó con Enrique Beltrán Ballester, fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, que le comunicó que los Reyes de España estaban muy preocupados por la desaparición de las chicas. Esto animó a Fernando a pedir al Ayuntamiento de Alcàsser que iniciara gestiones para solicitar una entrevista con el Rey. Beltrán prosiguió expresando su preocupación y el interés de la policía y de la Guardia Civil por encontrar a las niñas.

Por falta de buenas palabras no iba a ser. Beltrán también puso a Fernando en contacto con el decano del Colegio de Abogados de Valencia, Luis Miguel Romero Villafranca.

Tanto el uno como el otro estarían presentes en el futuro de Fernando. Y no para bien.




Fernando manifestó que “... hasta el momento no se dispone de ninguna pista fiable, aunque el afán que están demostrando tanto la policía como la Guardia Civil me llena de tranquilidad y de orgullo. Esta mañana, un equipo de buceo de la Guardia Civil iba a rastrear pozos y a buscarlas debajo de las piedras... están retenidas y si les quito un momento de sufrimiento a ellas, y a nosotros mismos, me daré por satisfecho...

No por eso iba a quedarse de brazos cruzados. Fernando planeaba reunirse con el arzobispo para conseguir una audiencia con el Papa, para que hiciera llegar el caso a todas las parroquias del mundo. Y un viaje a Londres, para grabar varios llamamientos y programas, acompañado por Luisa, la hermana de Toñi. En su agenda estaban emisoras de televisión tales como la BBC, Sky Super, ITN y Super Channel, y periódicos como el Daily Mirror. También la MBC, emisora que transmitía a países árabes. Después estaba previsto continuar en Alemania y el Magreb.

Fernando declaraba “Hasta que las encuentre no voy a parar. Seguimos pensando que alguien las retiene."

Otro secuestro iba a tener su desenlace final en aquel mismo mes.

El ocho de enero de 1992, después de más de cuatro años, la Audiencia Provincial de Málaga condenó a un total de 52 años y tres meses de cárcel a los secuestradores de Mélodie Nakachian, Jean Louis Camerini, Constante Georgeoux, Alain Coelier y Nadinne Ettiene. Habían pedido un rescate de cinco millones de dólares.

Sin embargo, el presunto cerebro del secuestro, Jean-Pierre Santul, asiduo de la jet-set de Marbella, conocido de Nakachian y padre de Melanie, compañera de colegio de Melodie, no fue condenado.


Melodie Nakachian era la hija del empresario libanés Raymond Nakachian y de la princesa coreana y cantante Kimera. Había sido secuestrada en Estepona el 9 de noviembre de 1987. Su liberación se produjo 11 días más tarde en un apartamento de la urbanización Torre Guadiaro en San Roque (Cádiz). La pista para localizar a los secuestradores había surgido gracias a que a uno de ellos se le había caído una cartera. Una señora la encontró. La cartera acabó en manos de la policía, y en su interior había moneda extranjera y un papel, que contenía las frases "la paciencia tiene un límite", "es muy fácil raptar a un niño" y "matar a Melodie". Una afortunada casualidad. Como también pueden serlo un volante de la seguridad social perdido en medio del monte, un pasaporte intacto tras un incendio y el derrumbe de un rascacielos o una cinta con versículos del Corán. Estos imponderables son regalos del destino para que las fuerzas de orden público puedan cumplir su misión.

¿Alguien pidió a Nakachian que colaborara como muestra de buena voluntad y agradecimiento por el rescate de Melodie y la condena de sus raptores? ¿Hizo amistades con mandos policiales a raíz del secuestro de su hija? ¿Tenía Nakachian negocios oscuros que ocultar y alguien le prometió inmunidad si cooperaba?

¿Quien facilitó a Fernando García los contactos en Londres? ¿Alguien le sugirió el viaje?

Lo que se comentó en la prensa es que Nakachian llamó a Fernando a Londres desde Marbella, para ofrecerle su colaboración en la búsqueda, prometiéndole que iba a contratar a un ex jefe de Scotland Yard para que se hiciera cargo del caso.

Los planes de Fernando García iban a tener un brusco final. Aquél día 26 de enero se produjeron varias coincidencias: a los guardias civiles de la U.C.O. se les concedió un permiso y abandonaron Alcàsser; Ricardo Sánchez, Inspector Jefe de la Brigada Central de la Policía Judicial de Madrid, el experto enviado por Rafael Vera, llegaba al pueblo y Fernando García estaba muy lejos, en Londres, a iniciativa propia o porque alguien se lo sugirió subliminalmente.

Al día siguiente se iba a producir una nueva y extraña coincidencia.

1 comentario:

  1. Esto es un lío, como el de un panal de abejas.

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