lunes, 12 de mayo de 2014

María del Carmen Carretero Gómez.


Dª Carmen Gómez, con una foto de su hija.


El jueves 24 de octubre de 1985 desaparecía la niña de nueve años María del Carmen Carretero Gómez, que vivía en Punta Umbría (Huelva) con sus padres, Carmen y José. La familia se dedicaba a la hostelería. Carmen Gómez Coronel y José Carretero regentaban el Hotel Emilio, en calle Ancha 27, y también poseían una casa en la cercana calle San Francisco Javier, que se utilizaba como ampliación del hotel en los meses de verano.

A María le gustaba jugar al fútbol y era buena estudiante. Pero aquel día no acudió a la escuela.

Su pista se perdió en la carretera de la urbanización El Cerrito. La niña salió de su casa y estuvo jugando con la bicicleta de su primo Francisco Javier Real Gómez, de 13 años ("... se la pedí tó mosqueao porque siempre hacía lo mismo...") y después ya no se la volvió a ver.

A la hora de la cena la niña todavía no había aparecido, así que su madre envió a Juan Carlos, el portero de noche del hotel, para que fuera a buscar a su hija por los alrededores.

Luego se dijo que Juan Carlos había discutido en numerosas ocasiones con Carmen, la madre de la niña, porque le había recriminado su aspecto desaseado y sus retrasos. Y que éste le había contestado "Te vas a acordar de mí." Pero entonces ¿por qué confió en él para que fuera a buscar a su hija?

José, el padre de Mari Carmen, llegaba poco después. Había estado en Huelva y volvió en cuanto se enteró de la desaparición de su hija, para incorporarse a la búsqueda. Uno de los primeros lugares en los que se miró, sin resultado, fue precisamente en la casa de la calle San Francisco Javier propiedad de la familia, a la que de vez en cuando iba la niña a cuidar de unos gatitos. La casa sería revisada en otras dos ocasiones, y los perros de la Guardia Civil pasarían varias veces ante sus ventanas, con motivo del operativo montado para la búsqueda de la niña.

Buceadores del cuerpo de bomberos rastrearon el fondo de la ría, sin resultado. A la búsqueda se unieron efectivos de la Cruz Roja, Policía Municipal y unos trescientos vecinos de la localidad. No hubo resultados positivos.

Transcurridos unos días se descartó que la niña pudiera haberse ahogado, ya que los cuerpos suelen salir a flote a las 72 horas.





Diez días después, el sábado dos de noviembre de 1985, el cuerpo sin vida de Mari Carmen, vestido y maniatado con una cuerda plástica, apareció en la planta baja de la casa familiar en la calle San Francisco Javier. La misma que había sido registrada tres veces.

Reyes, una empleada de la cafetería de la familia, se dirigió a la planta baja del edificio, provista de las llaves. Quería entrar y conectar el automático para dar luz a la planta superior, en la que residía. Al entrar advirtió un fuerte hedor, que provenía de la habitación 44. Dio la voz de alarma. Acompañada de Ángeles, otra de las camareras del hotel, decidieron registrar la habitación. Al abrir la puerta se encontraron con un enjambre de moscas en torno a una de las tres camas. Se asustaron y llamaron a otro compañero, Manuel Garfia. También acudió un primo de la niña, Emilio Delgado Gómez. Al quitar el colchón apareció el cuerpo desfigurado de la niña, a la que reconocieron por sus ropas.

Las camas de la habitación estaban hechas de forma distinta a cómo las habían dejado las camareras antes de cerrarla por fin de temporada. También aparecieron un cinturón rojo y una pelota de goma, cuyo origen no se pudo determinar. Una de las toallas había sido usada y tenia restos orgánicos, y bajo la cama en la que apareció el cadáver se encontraron ocho pelos de hombre y uno de mujer.

José Carretero volvió de Málaga a toda prisa. Había ido a consultar a un vidente sobre el paradero de su hija.










Según el resultado de la autopsia, realizada por la doctora África Manzano, la niña había sido violada, presentando hematomas en pubis y genitales externos, así como desgarro del himen. La habían estrangulado.

Al día siguiente, después de una misa celebrada en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, se produjo el entierro del cuerpo de la pequeña, con la asistencia de más de tres mil personas. Y el día cinco, los alumnos del colegio nacional Virgen del Carmen, donde estudiaba la niña, organizaron un acto de repulsa. al que asistieron unas dos mil personas. Llevaban una pancarta con un lema de resignación que parecía dictado por el Sistema: "No nos enseñéis a ser violentos."

Cinco días después del entierro, el médico forense Luis Frontela practicó una segunda autopsia en la que determinó que la muerte no había sido por estrangulación, sino por asfixia, tapando la boca y la nariz con la mano, y que probablemente no había sido violada, ya que la rotura del himen se habría producido por la expulsión de los gases del cuerpo debido a la putrefacción. Una fibra, hallada en la cuerda que maniataba a la niña, procedía de la misma camisa que vestía Juan Carlos Clavijo el día del asesinato. Asimismo, los cabellos encontrados bajo la cama coincidían con los suyos.

Como no podía ser de otro modo, la niña llevaba muerta unos diez días, coincidiendo con la fecha de desaparición.

Las investigaciones de la Guardia Civil se centraron en un primer momento en los familiares y personas próximas, especialmente aquellas que pudieran haber tenido acceso al juego de llaves desaparecido con el que fue abierta la vivienda y la habitación 44, donde había aparecido la niña.





El miércoles cinco de diciembre de 1985, Juan Carlos Clavijo Jiménez, después de seis horas de interrogatorio ante la Guardia Civil, sin presencia de su abogado, se derrumbó y confesó ser el autor del crimen.

Al día siguiente era detenido como presunto asesino de la niña. La Guardia Civil de Huelva fue a buscarlo a casa de una hermana suya, en la calle Vicente Espinel. Fue una sorpresa para todos, porque nunca se le había considerado sospechoso de los hechos.

Juan Carlos, padre de una niña de cuatro años, separado y electricista de profesión, trabajaba por las mañanas en una carpintería metálica y por las noches, desde 1981, -ya hacía cuatro años- y en época estival, era el recepcionista del hotel Emilio, propiedad de los padres de la niña.

Sin embargo, en su segunda declaración, realizada ante la juez titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Huelva, Rosa María CarrascoClavijo afirmó ser inocente. Y dio instrucciones a su abogado Eloy Romero Martín para que interpusiera una querella criminal contra los autores de las torturas y malos tratos de que habría sido objeto durante su estancia en las dependencias de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva.





El juicio iba a comenzar el miércoles 12 de noviembre de 1986, pero fue suspendido hasta el lunes 17, por incomparecencia del Catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Sevilla, Luis Frontela, y dos de sus ayudantes. Sólo se presentó Africa Manzano, la forense que llevó a cabo la primera autopsia.

Según la lectura realizada en la sala:

"... Juan Carlos, movido por un deseo libidinoso, pedirá a la niña que se acerque con él a la casa de la calle de San Francisco Javier, también propiedad de los padres de la pequeña, y que es utilizada, sobre todo en verano, como ampliación del negocio hotelero. Una vez allí, mientras María del Carmen aguarda sentada al borde de una de las camas situadas en la habitación número 44, que dispone de una ventana que da a la calle, Juan Carlos se dirigirá hacia el cuarto de baño para orinar y después se sentará junto a la niña, a la que comenzará a tocar. Sin embargo, la pequeña comenzará a gritar: '¡Que me voy, déjame, se lo diré a mi madre!', momento en que el portero de noche se abalanzará sobre la niña y le tapará la boca, le apretará la punta de la nariz y, finalmente, se echará sobre ella causándole la muerte por asfixia y sofocación, según queda claro en el informe realizado en la segunda autopsia. Como también se sabe que las muñecas de la pequeña han sido atadas con una cuerda plástica, en la que con posterioridad se hallará una fibra de la camisa del procesado. La niña será ocultada bajo una cama y también se encontrarán ocho pelos encima de la colcha de la cama, que coinciden con el cabello del encausado..."

Juan Carlos manifestó que se había declarado culpable ante la coacción de la Guardia Civil, que lo había maltratado y le había dictado las preguntas que debía contestar.

El capitán de la Guardia Civil, Rafael Daza, aclaró que el tipo de cuerda con la que había sido maniatada la niña era de nailon y que sólo se vendía en un único comercio de Punta Umbría.

También testificó la ex esposa del procesado, Margarita, una mujer de 22 años que declaró que había sido víctima de violencia doméstica por parte de su ex marido, pero que no lo había denunciado por miedo.

El ministerio fiscal pidió veintiséis años, ocho meses y un día de reclusión mayor por asesinato, y un año de prisión menor por abusos deshonestos. Y la acusación privada, cien millones de pesetas de indemnización, treinta años de prisión por asesinato y veinte por violación.

Finalmente, la Audiencia Territorial condenó a Juan Carlos Clavijo Jiménez, de 28 años, a dieciséis años de reclusión mayor por un delito de homicidio y a una año de prisión menor por abusos deshonestos.

La sentencia fue recurrida ante el Tribunal Supremo, tanto por el abogado defensor como por el fiscal y la acusación particular.

Pedro Liñán, nuevo abogado de Clavijo, afirmó que su defendido había acudido voluntariamente a declarar al Cuartel de la Guardia Civil antes de ser detenido y que allí mantuvo una entrevista informal de seis horas de duración con los responsables del puesto, que le convencieron para que se declarara culpable, sin estar presente su abogado.

El abogado Manuel Tuero, representante de la acusación particular, pidió que se dictara nueva sentencia en la que se cambiara el veredicto de homicidio por el de asesinato, aunque no solicitó que se tipificara como violación el delito de abusos deshonestos.

El Tribunal Supremo dictó un nuevo fallo el 23 de noviembre de 1987, por el que aumentaba en cuatro años el tiempo de condena.



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En 1991 desaparecería la niña Ana María Jerez Cano, también en Huelva. Y también sería Frontela quien encontraría la prueba incriminatoria definitiva: otra fibra, aunque esta vez era del chándal del sospechoso, José Franco de la Cruz, alias "El Boca".


http://lawebdelassombras.blogspot.com.es/2013/06/ana-maria-jerez-cano.html



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Fuentes:



http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1985/11/06/049.html

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1985/11/06/073.html

http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1985/12/06/049.html

http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1986/11/21/049.html

http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1986/11/21/050.html

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1986/11/12/076.html

http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1987/09/23/050.html

http://hemeroteca.abcdesevilla.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1987/11/24/029.html

http://elpais.com/diario/1985/11/04/espana/499906820_850215.html

http://elpais.com/diario/1985/11/06/espana/500079627_850215.html

http://elpais.com/diario/1985/11/17/espana/501030006_850215.html

http://elpais.com/diario/1985/12/06/espana/502671627_850215.html

http://elpais.com/diario/1985/12/07/espana/502758023_850215.html

http://elpais.com/diario/1985/12/14/espana/503362817_850215.html

http://www.huelvainformacion.es/article/huelva/72414/tres/ninas/desaparecidas/y/muertas/huelva/anos.html

http://www.eldiadecordoba.es/article/andalucia/1343992/la/pesadilla/cinco/familias.html

4 comentarios:

  1. Cómo es posible esa diferencia entre las dos autopsias? Me pregunto.

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    1. Buena pregunta. También pasó en el caso Alcàsser, en el caso Bretón, está pasando en el caso Asunta con las famosas manchas de semen... Algo no cuadra.

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  2. Mª del Carmen Carretero, Ana María Jerez Cano, Antonio Ramallo Espejo, Mari Luz Cortés y José y Ruth Bretón Ortiz...

    María del Carmen Espejo (26 años) y su hijo Antonio Ramallo Espejo (10 años) desaparecieron en el verano de 1993. Cuando la Policía Judicial de Sevilla retomó el caso (18 años después) halló sus cadáveres decapitados enterrados bajo toneladas de piedras y escombros en un pozo de la finca Huerta del Cura en Almonaster La Real (Huelva)...

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    1. Lo más interesante del caso Ramallo es esta noticia:
      http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/01/andalucia/1330625370.html
      "Relacionan el doble crimen de Almonaster con un sacrificio a la diosa andina Pachamama". El acusado es un tal Genaro Ramallo Guevara. Ramallo no me suena a dios andino, pero Guevara sí que me suena a algo.

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