viernes, 15 de marzo de 2013

Sacrificios de niños a los Baalim.


Ofrecieron a sus hijos y a sus hijas como sacrificio a esos demonios.
Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas.
Al ofrecerlos en sacrificio a los ídolos de Canaán,
su sangre derramada profanó la tierra.
Tales hechos los contaminaron; tales acciones los corrompieron.
Salmos 106:37-39



Historia de Cartago.
M. Dureau de la Malle

Pero poco después una peste horrorosa las ha con la hueste de Cartago; el mismo Aníbal es víctima de la plaga. Los soldados supersticiosos creen estar viendo en los estragos de aquella terrible enfermedad un castigo de los dioses, que vengan a los muertos del ultraje hecho a su postrera morada. Cesan de destruir los sepulcros; dispónense plegarias según el rito de Cartago, y a tenor de la bárbara costumbre observada en aquella ciudad, inmolan un niño a Saturno, y arrojan varias víctimas al mar para aplacar a Neptuno

Antiguamente inmolaban en Cartago a Saturno a los hijos de las mejores familias de la ciudad. Reconviniéronse entonces porque habían usado de fraude y mala fe con el dios, ofreciéndole, en vez de los hijos de su nobleza, otros niños de pobres o de esclavas que compraban con este objeto. Para expiar esta sacrílega transgresión, sacrificaron a su dios sanguinario doscientos niños escogidos entre las familias más ilustres de la ciudad; y más de trescientas personas que se reconocieron culpables de aquel fraude impío, se ofrecieron espontáneamente en sacrificio para apagar con su sangre las iras de Saturno

Dice San Agustín que el dios Baal-Moloc infundía a los cartagineses un terror religioso tan profundo, que no osando pronunciar su nombre, se contentaban con designarle por el epíteto de “antiguo” (Senex).La estatua de este dios era de bronce, según Diodoro; tenía los brazos caídos; sus manos, cuyas palmas estaban en la parte superior, estaban algo inclinadas hacia el suelo, para que los niños que colocaban sobre ellas cayesen inmediatamente en un horno encendido”…




Los emigrados que fundaron a Cartago llevaron consigo a la costa de África la religión de la Fenicia. No obstante, debemos añadir que en aquella religión se introdujo un gran número de elementos extraños, a consecuencia del largo contacto de los cartagineses con los libios y los griegos de la Sicilia. Daremos aquí los nombres de las principales divinidades adoradas en Cartago, El primero de todos los dioses era Baal o Moloch, el señor, el rey del cielo: era el Dios supremo, en el cual los griegos creyeron reconocer a Cronos y los romanos a Saturno. A este Dios Baal asociaron los cartagineses la potente diosa Astarté: la diosa Astarté o Astaróth (esta palabra corresponde a la idea de soberana del cielo y de los astros) fue llamada por los griegos Urania, y por los romanos la Diosa celeste o Juno. Después de Baal y Astarté, debemos hacer mención del Dios Melcarth Cartago; por un piadoso respeto y un recuerdo de su ascendencia, enviaba todos los años a su antigua metrópoli una embarcación cargada de ricas ofrendas al Dios Melcarth, que era el genio tutelar de la ciudad de Tiro. Los cartagineses llevaron á todas sus colonias el culto de Melcarth (Hércules tirio), lo mismo que el de Baal y Astarté. Muchos escritores de la antigüedad han colocado también en el número de los dioses púnicos a Esmun-Esculapio, que tenía su templo sobre la colina de Byrsa. Según hemos dicho, los cartagineses adoptaron algunas de las divinidades extranjeras: tomaron de los griegos el culto de Céres, de Proserpina y tal vez hasta el de Apolo; y, si se debe creer a Diodoro Sículo, enviaron en una ocasión embajadores al templo de Delfos. Las funciones del sacerdocio eran solicitadas por las familias más ilustres de la república; sin embargo, no había en Cartago linaje sacerdotal.

El carácter de la religión cartaginesa fue, lo mismo que el de la nación que la profesó, melancólico hasta la crueldad. El terror era el móvil de aquella religión, que estaba sedienta de sangre y se rodeaba de negras imágenes. Al ver las abstinencias, las torturas voluntarias y, sobre todo, los horribles sacrificios que prescribía como un deber a los vivos, apenas se extraña que los muertos hayan debido parecerles dignos de envidia. Imponía silencio a los sentimientos más sagrados de la naturaleza, degradaba las almas con supersticiones sucesivamente atroces y corrompidas, y se ve uno reducido a preguntar qué influencia verdaderamente moral pudo ejercer en las costumbres del pueblo. Por eso, el retrato que la antigüedad nos ha dejado de los cartagineses, está lejos de ser lisonjero: a la par duros y serviles, tristes y crueles, egoístas y avaros, inexorables y sin fe, parece como que el espíritu de su culto conspiró, con la envidiosa aristocracia que los oprimía y con su existencia enteramente mercantil e industrial, a cerrar sus corazones a las emociones generosas, a las necesidades de un orden elevado. Podrían tener ciertas creencias nobles; pero se conocían poco por la práctica. Una diosa presidia a sus consejos públicos; mas estos consejos, estas asambleas se celebraban por la noche, y la historia revela las terribles medidas que allí se discutían. El Dios del resplandor solar, Hércules, fue el patrón de Cartago, como lo era de Tiro; allí dio el ejemplo de las grandes empresas y de los atrevidos trabajos; pero la sangre obscurecía su luz y todos los años caían al pie de sus altares víctimas humanas, lo mismo que en las fiestas del implacable Baal. Por todas partes á donde los fenicios, y después de ellos los cartagineses, llevaron su comercio y sus armas, no solo en determinadas épocas, sino en todas las coyunturas críticas, su fanatismo exaltado renovó estos sangrientos sacrificios. En vano Gelón de Siracusa, con la autoridad de la victoria; en vano los mismos griegos establecidos en Cartago, intentaron oponerles un término por medio de su pacífica influencia; la antigua barbarie reapareció constantemente y se mantuvo hasta en la Cartago romana. A principios del siglo III de nuestra era, se descubren todavía vestigios de este horroroso culto, practicado entonces, por lo menos, en secreto. Desde el año 655 de Roma, habían sido prohibidos todos los sacrificios humanos; pero, en más de una ocasión, se vieron los emperadores en la necesidad de reiterar aquella prohibición, y debemos añadir que, durante mucho tiempo, la severidad de las leyes romanas no logró poner fin a estas horribles inmolaciones...




José Pijoán
Summa Artis. Historia General Del Arte. Vol. II
Arte del Asia Occidental.. Decimocuarta Edición. Páginas 411-413
Editorial Espasa Calpe. Madrid. 2003

... Cada villa fenicia tenía su Baal, que quiere decir Señor, el posesor, cuyo plural es Baalim, o los señores. Les llamaban también Melek –o sea rey- y Adón, o amo. No había un Baal, Melek o Adón único para toda Fenicia. Cada villa tenía su Baal con sus caracteres personales. El Baal de Tiro, que se llamaba Melkart, en su origen debió de ser un dios solar, pero con el tiempo tomó un carácter marítimo. Los griegos lo identificaron con Hércules; le llamaban el Hércules Melkart, o el señor de Tiro. El Baal de Sidón era Eshmun, y los griegos creyeron que era el propio Asclepios o Esculapio disfrazado de fenicio. Esto hace suponer que se acudía al Baal sidonio principalmente para recobrar la salud en casos de enfermedad.


Baal


La Biblia hace referencia al Baal de Ashod, al que llama Dagón (I, Samuel, V, 4). Éste, por lo menos, debía tener aspecto humano porque al caer su estatua se rompió la cabeza y los brazos. Pero ya hemos dicho que los Baalim fenicios podían incorporarse en un bloque de piedra o en un tronco de madera y desde allí recibir el culto de sus devotos. No es, pues, de extrañar que no se haya conservado ninguna estatua de Baalim fenicios. La forma preferida para los ídolos líticos que se substituían a los Baalim era un simple menhir puntiagudo sin ningún adorno o figura. Los griegos llamaban betilos a estos simples bloques cónicos de piedras sin desbastar, sede temporal, alojamiento perentorio del espíritu de cada Baal. Los betilos estaban implantados en lugares altos, recintos cerrados con una cerca de piedra, generalmente en un rellano de la colina vecina a cada ciudad. Tácito nos dice que cuando Vespasiano quiso consultar el oráculo del Monte Carmelo, en Canaán, no encontró en el lugar santo ni templo ni estatuas, sino solamente un altar de piedra al aire libre. Debía ser un betilo, una de estas piedras sin labrar a la que el Señor Baal descendía cuando se le invocaba para recibir un sacrificio.



Betilo


Los Baalim querían sangre y sacrificios expiatorios. Eran dueños y señores de la vida y las haciendas de sus devotos. Éstos, en inscripciones, se declaran perros, clientes, esclavos de un Baal. Había que demostrar la servidumbre debida al Señor sacrificándole animales como víctimas y hasta degollando al primogénito sobre el betilo para que el Baal, desde dentro de la piedra, chupara la sangre del recién nacido. En ocasiones, era preferible quemar este primer fruto del matrimonio, pasarlo por el fuego, como dice la Biblia, para que el Baal aspirase el olor de la carne quemada en la columna de humo que subía hacia lo alto. Los Baalim eran propicios para conceder favores después de un sacrificio cruento. Hamílcar se tiró a la pira después de la derrota de Himera para propiciar a los Baalim de Cartago. En cambio, después de la victoria de los cartagineses sobre Agatocles, el año 307 antes de Jesucristo, los prisioneros fueron degollados en sacrificio expiatorio sobre un altar. El Baal bajaba a lamer la sangre o aspirar el humo con ferocidad semítica.


Urna funeraria conteniendo los restos de un niño


Además de los Baalim masculinos había los Baalat femeninos, y el más popular era la Astarté de Byblos. Ya memos dicho que Astarté era la Istar Babilonia, y que transmigró después a la mitología griega, como Afrodita o Venus. Astarté, en Fenicia, se identificó con la gran madre siria, la hitita Atargatis, más tarde la romana Cibeles. En Fenicia, Astarté era, pues, Venus y Cibeles al mismo tiempo. Como Venus, era la diosa del amor y en los textos clásicos hay abundantes referencias a la prostitución aneja a los templos fenicios, análoga a la que hemos encontrado en Babilonia. En Sidón había cuevas en la montaña vecina al santuario de Eshum para los desórdenes sexuales del culto de Astarté. Los romanos se sorprendieron de la repetición del mismo extravío en el templo de Tanit, la Astarté de Cartago...



Astarté y dos devotas


Charles Rollin
The ancient history of the egyptians, carthaginians, assyrians, babylonians, medes and persians, macedonians and persians

Este triunfo de la religión cristiana debe darnos un debido sentido de lo que debemos a Jesucristo y, al mismo tiempo, de las tinieblas a las que toda la humanidad fue abandonada antes de su venida. Hemos visto entre los cartagineses, padres y madres, más crueles que las bestias salvajes, renunciar inhumanamente a sus hijos, y despoblar anualmente sus ciudades, destruyendo a su más vigorosa juventud, en obediencia a los sangrientos dictados de sus oráculos y falsos dioses. Las víctimas fueron elegidas sin tener en cuenta su rango, sexo, edad o condición. Tales ejecuciones sangrientas fueron honradas con el nombre de sacrificios, y llevadas a cabo para obtener el favor de los dioses. «¡Qué mayor mal», grita Lactancio, «podrían infligir en su más violento descontento, que privar así a sus adoradores de todo sentido de humanidad, hacerles cortar las gargantas de sus propios hijos y contaminar sus sacrílegas manos con tan execrables parricidios?… 


Tophet de Cartago


… La segunda deidad especialmente adorada por los cartagineses, y en cuyo honor ofrecía sacrificios humanos, era Saturno, conocido en las escrituras con el nombre de Moloch; Y esta adoración pasó de Tiro a Cartago. Filón cita un pasaje de Sanchoniathon, que muestra que los reyes de Tiro, en grandes peligros, solían sacrificar a sus hijos para apaciguar la ira de los dioses; Y que uno de ellos, por esta acción, se procuró honores divinos, y fue adorado como un dios, bajo el nombre del planeta Saturno: a esto sin duda se debe la fábula de Saturno devorando a sus propios hijos. Los ciudadano, cuando deseaban evitar cualquier gran calamidad, adoptaron la misma costumbre; y, a imitación de sus príncipes, eran tan supersticiosos, que los que no tenían hijos compraron los de los pobres, para no ser privados del mérito de tal sacrificio. Esta costumbre prevaleció largo tiempo entre fenicios y cananeos, a quienes los israelitas imitaron, aunque lo tenían expresamente prohibido por el cielo. Al principio, los niños fueron quemados inhumanamente, ya sea en un horno de fuego, como los del valle de Hinnon, tan frecuentemente mencionados en las Escrituras; o en una estatua llameante de Saturno, los gritos de estos infelices víctimas eran ahogados por el ininterrumpido ruido de los tambores y las trompetas. Las madres consideraban una virtud y una parte de su religión, ver este espectáculo bárbaro con ojos secos y sin un gemido; Y si se les escapaba una lágrima o un suspiro de aflicción, el sacrificio era menos aceptable para la deidad, y todos sus efectos se perdían por completo. Esta fortaleza de ánimo, o más bien salvaje barbarie, se llevó a tal exceso, que incluso las madres se esforzaban, con besos y abrazos, para acallar los gritos de sus hijos; si por el contrario la víctima hubiera sido ofrecida de modo impropio y en medio de lágrimas, el dios se enojaría: "Blanditiis & osculis comprimebant vagitum, ne fiebilis bostia immolaretur". Más tarde se contentaron con hacer pasar a sus hijos por el fuego; en el que frecuentemente perecían, como se desprende de varios pasajes de las Escrituras.


Tanit



Los cartagineses mantuvieron la bárbara costumbre de ofrecer sacrificios humanos a sus dioses, hasta la ruina de su ciudad: una acción que debería haberse llamado sacrilegio y no sacrificio. "Sacrilegium verius quam sacrium". Se interrumpió sólo durante algunos años, por temor a incurrir en la cólera y las armas de Darío I, rey de Persia, que les prohibió ofrecer sacrificios humanos y comer carne de perro. Pero pronto retomaron esta horrible práctica, pues en el reinado de Xerxes, sucesor de Darío, Gelón, el tirano de Siracusa, habiendo obtenido una victoria considerable sobre los cartagineses de Sicilia, introdujo la siguiente condición entre otros artículos del tratado de paz que les impuso, a saber, "Que no se vuelvan a ofrecer más sacrificios humanos a Saturno". Y sin duda, la costumbre de los cartagineses, en esta misma ocasión, hizo que Gelón introdujera esta cláusula. Durante todo el encuentro, que duró desde la mañana hasta la noche, Amílcar, 1 hijo de su general Hannón, ofrecía sin cesar sacrificios de hombres vivos a los dioses, que arrojaban sobre una pila llameante; Y viendo a sus tropas dispersadas y puestas en fuga, él mismo se precipitó en la pila, para no sobrevivir a su propia desgracia; Y para extinguir con su propia sangre, dice Ambrosio al respecto, este fuego sacrílego, al descubrir que no había servido para nada.


1 Amílcar significa “hermano de Melqart”. O sea, hermano de Baal. Aníbal, hijo mayor de Amílcar, significa “El que goza del favor de Baal”. Asdrúbal, hermano de Aníbal, significa “protegido por Baal" (Nozick).



Tanit


En tiempos de pestilencia solían sacrificar un gran número de niños a sus dioses, sin la menor piedad ante su tierna edad, que provoca la compasión de los enemigos más crueles; buscando así remedio para sus males en la propia culpa; y tratando de apaciguar a los dioses con la más espantosa de las barbaries.

Diodoro relata un ejemplo de esta crueldad que horroriza al lector. En el momento en que Agatocles iba a asediar a Cartago, sus habitantes, viendo las penurias a las que se veían reducidos, imputaron todas sus desgracias al justo enojo de Saturno, porque en vez de ofrecerle los hijos nacidos de estirpe noble, le habían engañado fraudulentamente con los hijos de esclavos y extranjeros. Para expiar este crimen, doscientos niños de las mejores familias de Cartago fueron sacrificados a Saturno; además de lo cual, más de trescientos ciudadanos, por sentimiento de culpa de este pretendido crimen, se sacrificaron voluntariamente. Diodoro añade que se había erigido a Saturno una estatua de bronce, cuyas manos estaban vueltas hacia abajo, de modo que cuando un niño era puesto sobre ellas, caía inmediatamente en una oquedad en donde había un horno ardiente.

¿Puede esto, dice Plutarco, llamarse “adorar a los dioses”? ¿Podemos decir que tenemos una idea honorable de ellos, si suponemos que se complacen con la matanza, sedientos de sangre humana, y son capaces de exigir o aceptar tales ofrendas? ...




Friedrich Münter
Religion der Karthager
Kopenhagen, 1816


... Ueber die Gestalt des Götterbildes haben wir, vorausgesetz, dass der cananitische und der karthagische Sonnengott völlig einerlei waren, einige Nachrichten. Die Rabbinen erzählen nemlich: das Bild Baals oder Molochs sei ehern, von ungeheurer Grösse, und inwendig hohl gewesen, mit einem Stierkopf und ausgestreckten Händen, als wenn es etwas empfangen wollte, und in die Hände des glühend gemachten Götzenbildes wären die Kinder gelegt worden. Dieses ist aber doch wohl nur hauptsächlich von denjenigen Idolen zu verstehen, die dazu bestimmt waren, die Opfer selbst in Empfang zu nehmen; den dass es in Phönicien vielleicht auch anders gegeben hat, werden wir in der Folge bemerken. Uebrigens stimmt aber mit der Nachricht der Rabbinen die Beschreibung, welche Diodorus Siculus von der Statue des Kronos zu Karthago gibt, der Hauptsache nach überein. Sie war gleichfalls von Metall, in einer gebückten Stellung mit ausgestreckten und erhobenen Händen, do dass die in die Hände oder Arme gelegten Kinder in der Feuerschlund hinabrollten...




Valerie Sinason
Tratando a supervivientes de abuso satánico
Fundamentos históricos del abuso ritual. Brett Kahr

... Tal vez los datos más convincentes sobre el infanticidio en la antigüedad se pueden encontrar en los descubrimientos de los arqueólogos. Entre los judíos de la antigüedad, se sacrificarían bebés a Moloch en el Valle de Hinnom, que luego eran conducidos a la Gehenna (es decir, el Infierno). El antropólogo experto en psicoanálisis, Géza Róheim (1939) informó sobre la excavación de las ruinas de Gezer, en un lugar cercano, en Palestina. Entre los escombros, los investigadores encontraron un medio esqueleto de una niña de aproximadamente 14 años de edad, probablemente de origen caananita. El cuerpo había sido cortado o aserrado deliberadamente en la octava vértebra torácica, indicando así alguna mutilación premeditada. James George Frazer, el conocido investigador antropológico, también había descubierto esqueletos de infantes en grandes jarras bajo el suelo del templo en Gezer. La presencia de estas urnas en una casa de culto sugiere que los niños habían sido exterminados en el contexto de una ceremonia religiosa, con fines de sacrificio. La mayoría de los bebés del último milenio, cuyos padres querían que murieran, sencillamente no merecían entierro en absoluto, terminando en cambio en el lecho de un río, en las calles o en profundos barrancos. Por ello, cuando los padres se tomaron la molestia de conservar los huesos en recipientes especialmente marcados, lo hicieron como obsequio religioso a las deidades superiores.

Aunque las tablillas de estos pueblos de la antigüedad ya habían sido descubiertas en el siglo XIX, el verdadero significado de las inscripciones no se hizo evidente hasta el siglo XX, en parte porque los eruditos tuvieron dificultades para realizar las traducciones de las estelas. Uno no puede dejar de preguntarse si la ansiedad y la resistencia emocional ante este material espantoso habían interferido con el trabajo de traducción. Sin embargo, los estudios de las estelas han revelado el asesinato rutinario de niños desde la más tierna infancia hasta los cuatro años de edad. Tenemos pruebas de que los cartagineses asesinaron adolescentes, niñas, niños nobles y niños pobres, e incluso a los muy preciados hijos primogénitos. La verdadera amplitud de la elección de las víctimas rompe cualquier noción simplista de que sólo los pobres mataron a sus hijos, para salvarlos de la inanición. Lloyd de Mause (1990) ya ha hecho esta astuta observación en su ensayo más reciente sobre "La historia del asalto infantil". De hecho, incluso puede haber evidencia que sugiera que los ricos realizaron el infanticidio más a menudo, con el fin de calmar la envidiosa ira de sus dioses.

En su exhaustivo y definitivo estudio sobre los sacrificios de Carhagh, Shelby Brown (1991) ha resumido las principales razones conscientes por las cuales los padres mataron a sus hijos. El infanticidio parece haber ocurrido por tres motivos principales:

  1. Para complacer a los dioses;
  2. Para apaciguar a los dioses durante períodos de guerra o plaga;
  3. Para obtener éxitos personales ...

... El niño era cremado en los brazos de una estatua de bronce de la deidad. Las manos de la estatua se extendían sobre un brasero en el que el niño caía una vez que las llamas habían hecho que sus miembros se contrajeran y su boca se abriera. La mueca era conocida como "risa sardónica" porque el niño parecía morir de risa. Este texto puede sugerir que el niño estaba vivo y consciente al ser abrasado, o simplemente puede describir las etapas iniciales de la cremación del niño tras haber sido sacrificado.

Tanto si el niño murió quemado como si un adulto le cortaba la garganta primero, (como testimonió Plutarco), las urnas en el Tophet en Tanit contienen incontables fragmentos de huesos carbonizados ...

... Por supuesto, la mera existencia del filicidio ritual en la antigüedad no prueba que las muertes infantiles ocurran hoy en día en aquelarres satánicos. Pero los datos históricos confirman que los seres humanos poseen la capacidad de cometer tales atrocidades ...




Fuentes:



  1. Historia de Cartago. M. Dureau de la Malle.
  2. José Pijoán. Summa Artis. Historia General Del Arte. Vol. II. Arte del Asia Occidental. Decimocuarta Edición. Páginas 411-413. Editorial Espasa Calpe. Madrid. 2003.
  3. Charles Rollin. The ancient history of the egyptians, carthaginians, assyrians, babylonians, medes and persians, macedonians and persians.
  4. Friedrich Münter. Religion der Karthager Kopenhagen, 1816.
  5. Valerie Sinason. Treating survivor's of satanist abuse. The historical foundations of ritual abuse. An excavation of ancient infanticide. Brett Kahr.

2 comentarios:

  1. Sé que suena muy heavy, pero... ¿Podría ser que el plan de las niñas de Alcásser para esa tarde de viernes fuese el de asistir en calidad de invitadas a un sacrificio ritual en el matadero de Alcásser? El lugar era óptimo y según JIB no iban ni a misa ni a realizar ningún acto solidario para dar de comer a los niños de Biafra. Se me ha ocurrido tras leer este artículo. ¿Se sabe si en ese pueblo hay vestigios de cultura judía por algún lado?, ¿Hay indicios de que perviva alguna comunidad criptojudía que preserve al menos costumbres como guardar el Sabath?. Dicen que allá donde se han asentado siempre brota con fuerza actividades como la astrología, el tarot y demás mancias. También constituyen un inmejorable caldo de cultivo para la progresión de religiones neopaganas como la Wicca. Es posible que sea un disparate, pero hay lo dejo. Gracias y genial blog.

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  2. "La guinda de la crónica de sucesos de ayer en Bélgica la puso la capital, Bruselas: la policía encontró tres cadáveres -dos de ellos de mujeres-, congelados en las neveras de un famoso restaurante libanés, el Baalbeck. El restaurante estaba cerrado por vacaciones".

    http://elpais.com/diario/1996/09/04/internacional/841788018_850215.html

    https://es.wikipedia.org/wiki/Baalbek

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